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Mamá Ofelia de todas mis horas. Mi oración de tres hijos. Canción y plegaria. Salve. Dios te salve en la anchura del valle de lágrimas, en octavas graves. Amén. Salve. Padre nuestro de todos los días. Pitchicatto filial. Amén. Salve. Salve amén. Padre. Paraná de los campos fecundos. Girasoles y linos y pastos y espigas doradas y cañaverales. Padre de mi río El Plata. Paraná, variación de mi infancia. Paraná de mis ímpetus. Salve. Sostenidos ganados; aves y peces bemoles; calderón, el gaucho a caballo, y los jangaderos. Ave. Padre. Padre nuestro, Caribe, del Meta, Orinoco y Arauca, fervor de los Andes. Contrición de Cañada de Gómez. Padre nuestro, salve. Allegro non tropo del trabajo diario, sincopado a distancias de hijos, de padre, de esposa. Duetos, paterno filiales. Amén, padre. Preces conyugales Con marchas de tarde. Misterios de noche Milagros de aurora. Salve. Santa Fe de mis tránsitos de mis mocedades. Santa Fe de nostalgias. Santa Fe que me aguardas. Santa Fe no me falles. Salve. Rosario de rezos: planicies, riberas, industrias, pampas y esteros. Ave. Salve. Himnos de espigas y piñas; cambur, arrozales, cafetos girasoles, maíces, paltas: aguacates. chañares, cujíes, horquídeas, viñedos; gemir, implorar de montañas, planicies, lagunas y cerros. Salve. Amén. Salve. Eslabón de montañas perforando cielos, picoteando nubes, halcones, cóndores, águilas bajo ligaduras extensas en vuelo blanco, y azul de la cordillera de arpegios gigantes. Salve. Letanías de ausencias diarias. Oración de añoranzas nocturnas. Clarinadas agudas y rítmicas de exigencias marciales. Salve. Amén. Salve. Corales alternan cromáticas; coral de basílicas. Apóstol Santiago. Adelante. Salve. Adelante. Sueño orante, suplicios, plegarias. Silencios magestuosos nos tañe la noche. Suspiros brotados de espigas y viñas. Contraltos de ángeles. Salve. Amén. Salve. Argentinas auras, musas tropicales. Pasos en las sombras sin oscuridades. Salve. Batuta en milagro de abrazos. Semblanzas a golpes, joropos de arpas y violines, castañuelas, cuatros. Sonoras guitarras. Canciones de prima y bordona el ambiente en bóveda rasguen. Salve. Salve. Salve. Bandoneón de reencuentros en tangos, milongas, cuecas, vidalas; sambas coreando. Salve. El laud lunático suena borrando obertura de ausencias, fulminadas en peñas tangueras; romanza de estrofas sin fin de querer abrazaros. Amén. Amén. Salve. Salve, Ofelia, salve. Salve mis hijos, salve. Melodioso gozar el beso diurno de labios melífluos; el beso filial en la noche con el toque agudo de contactos suaves. Misterioso mimo. Minueto lento de llamaros hijos; María Cecilia, María Teresa y Pablo Darío; de llamarte Ofelia, de llamarte, madre. De sentirme padre. De pisar y pasear por las calles, de Maipú y Florida, San Martín, Corrientes, Lavalle de mi Buenos Aires. De gozarnos juntos; de estrecharnos fuerte en todas las claves. De cantar, acordes nuestras cinco voces densa partitura: Salud, Dios nos guardde; Dios nos una; Dios... nos salve. + - + - + - + - + Vemos, Búfalo, por cierto en torno a la paridad ¡Cuánto crece el patriotismo con dólar preferencial! |
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