SUEÑOS DE INSOMNIO
Juan Morera Peralta



LETANIAS DE PADRE Y ESPOSO AUSENTE


Mamá Ofelia de todas mis horas.
Mi oración de tres hijos.
Canción y plegaria.
Salve.

Dios te salve en la anchura
del valle de lágrimas,
en octavas graves.
Amén. Salve.

Padre nuestro de todos los días.
Pitchicatto filial.
Amén. Salve.
Salve amén. Padre.

Paraná de los campos fecundos.
Girasoles y linos y pastos
y espigas doradas y cañaverales.
Padre de mi río El Plata.
Paraná, variación de mi infancia.
Paraná de mis ímpetus.
Salve.
Sostenidos ganados; aves y peces bemoles;
calderón, el gaucho a caballo, y los jangaderos.
Ave. Padre.
Padre nuestro, Caribe,
del Meta, Orinoco y Arauca,
fervor de los Andes.
Contrición de Cañada de Gómez.
Padre nuestro, salve.

Allegro non tropo
del trabajo diario,
sincopado a distancias
de hijos, de padre, de esposa.
Duetos, paterno filiales.
Amén, padre.

Preces conyugales
Con marchas de tarde.
Misterios de noche
Milagros de aurora.
Salve.

Santa Fe de mis tránsitos
de mis mocedades.
Santa Fe de nostalgias.
Santa Fe que me aguardas.
Santa Fe no me falles.
Salve.

Rosario de rezos:
planicies, riberas,
industrias,
pampas y esteros.
Ave. Salve.
Himnos de espigas y piñas;
cambur, arrozales, cafetos
girasoles, maíces, paltas: aguacates.
chañares, cujíes,
horquídeas, viñedos;
gemir, implorar de montañas,
planicies, lagunas y cerros.
Salve. Amén. Salve.

Eslabón de montañas
perforando cielos,
picoteando nubes,
halcones, cóndores, águilas
bajo ligaduras extensas en vuelo
blanco, y azul de la cordillera
de arpegios gigantes.
Salve.

Letanías de ausencias diarias.
Oración de añoranzas nocturnas.
Clarinadas agudas y rítmicas
de exigencias marciales.
Salve. Amén. Salve.

Corales alternan cromáticas;
coral de basílicas.
Apóstol Santiago.
Adelante. Salve.
Adelante.

Sueño orante, suplicios, plegarias.
Silencios magestuosos
nos tañe la noche.
Suspiros brotados de espigas y viñas.
Contraltos de ángeles.
Salve. Amén. Salve.

Argentinas auras, musas tropicales.
Pasos en las sombras sin oscuridades.
Salve.

Batuta en milagro de abrazos.
Semblanzas a golpes, joropos
de arpas y violines,
castañuelas, cuatros.
Sonoras guitarras.
Canciones de prima y bordona
el ambiente en bóveda rasguen.
Salve. Salve. Salve.

Bandoneón de reencuentros en tangos,
milongas, cuecas, vidalas;
sambas coreando.
Salve.

El laud lunático suena
borrando obertura de ausencias,
fulminadas en peñas tangueras;
romanza de estrofas sin fin
de querer abrazaros.
Amén. Amén. Salve.
Salve, Ofelia, salve.
Salve mis hijos, salve.
Melodioso gozar el beso diurno
de labios melífluos;
el beso filial en la noche
con el toque agudo de contactos suaves.
Misterioso mimo.
Minueto lento de llamaros hijos;

María Cecilia, María Teresa y Pablo Darío;
de llamarte Ofelia, de llamarte, madre.
De sentirme padre.

De pisar y pasear por las calles,
de Maipú y Florida, San Martín, Corrientes, Lavalle
de mi Buenos Aires.
De gozarnos juntos;
de estrecharnos fuerte en todas las claves.
De cantar, acordes nuestras cinco voces
densa partitura:
Salud, Dios nos guardde;
Dios nos una;
Dios... nos salve.




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Vemos, Búfalo, por cierto
en torno a la paridad
¡Cuánto crece el patriotismo
con dólar preferencial!





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