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En hostias de pan con vino, masa y amor, está mi Dios. Tras el portal, un establo, un pesebre, allá en Belén, cuna de Dios. Con un rucio blanco, blanco José y María caminan, velando a Dios. Desterrados en Egipto, ¡cuánto dolor!, se salva Dios. Trabaja de carpintero, por devoción, sumido Dios. En mesa de verde césped, pescado y pan reparte Dios. De blasfemo los escribas, Y de inocente el pretor, juzgan a Dios. Una cruz para patíbulo, un sepulcro por mansión, honran a Dios. Un cáliz de vino y gracia, la hostia de blanco pan, cuerpo de Dios. Un sagrario de aposento, un sagrario en cada templo, para mi Dios. Cada cristiano un sagrario, por templo su corazón para mi Dios. El Dios que vive en el alma de un pecador, ese es mi Dios. Abre el sagrario Jesús cual la aurora abre la flor, mi Dios, mi Dios. Y ven a mi corazón. Señor, Señor, Dios, redentor. Grandes y chicos canten a Dios. Cielos y tierra, gloria al Señor. Canto de gloria y veneración, laudes eternos a nuestro Dios. |
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