SUEÑOS DE INSOMNIO
Juan Morera Peralta



YO QUIERO TENER UN HIJO


Yo quiero tener un hijo
inquieto, trabajador, travieso, estudiante,
que sepa alternar, entre los hombres;
cotizar si son o no, racionales;
humorista, catador en serio de problemas,
ejecutor de planes.

Yo quiero tener un hijo
con visión de las necesidades.
que plantee soluciones, las observe, las corrija,
las enmiende o las aplauda ecuánime.
Que se esfuerce en pelear
para vencer dificultades.
Que no se atemorice ni se inquiete.
Que no se amilane,
frente a problemas múltiples y chicos,
ni ante problemas graves.

Yo quiero tener un hijo comprensivo,
pensativo, decidido, jovial y constante.
Que no quiera engañar.
Que no quiera engañarse.
Que evite las contiendas,
por dominio, no por cobarde.

Yo quiero tener un hijo
a quien nunca sabré explicarle,
aunque siempre lo quise y nuca lo logré,
por qué nunca, fui mejor padre.

Yo quiero tener un hijo
que logre superarse.
Que quiera remontarse a lo más alto
y adueñarse del fondo de todo lo que trate.
Que no renuncie a nada, de todo, todo, todo
que se ofrezca a su alcance.

Yo quiero tener un hijo
gloria de su madre.
Que sepa mirar sobre las nubes,
y caminar sobre la tierra, erguido, sin empolvarse.

Yo quiero tener un hijo
que no peque de arrogante.
Que investigue los hombres y las ciencias.
Que admire las mujeres y las artes.
Que pueble los desiertos.
Que fecundice los valles.
Que sepa verter lágrimas.
Que sufra. Que llore. Que aguante.

Que le guste acariciar las barrigas
de los niños con hambre.
Y calentar los ranchos sin paredes ni techos
con fuegos cálido de hogares;
con tertulias largas en familia;
con caricias y recuerdos de los lares;
divagando del presente hacia el futuro;
los sueños transformando en serias realidades.

Que los golpes o caricias
tolere, afronte, aguante.
Que consiga sembrar sobre las rutas
por las que caminare
semillero de flores y colores,
y un día cosechar deliciosos manjares.
Que sepa manejar todas las armas.
Que se precie a disparar sólo cantares.
Que rasgue las guitarras.
Menosprecie los diamantes.
Que respete investigando los arcanos y misterios
que nunca dominó su padre.

¿Por qué quiero yo tener un hijo?
¿Por qué quiero vivir con él junto a su madre?
¡Ayúdame, Dios mío!
Enséñame a contestarme.

Dile, qué son los hombres en la vida
viviendo sin amarse.
Dile, qué hacen los hijos en la casa
cuando penan sus madres en la calle.
Enséñale a mi hijo, claramente,
aunque yo no sepa contestarle.
Dile que me pregunte, que se inquiete, que me inquiete;
me pregunte, aunque tenga que callarme.
Que me exija que le explique
lo que nunca yo sabré explicarle.

¿Por qué tan altas las estrellas
no se caen?
¿Por qué se apagan cada día
cuando el sol prendido sale?

¿Por qué se encienden cada noche
sin que vea mi hijo que las enciende nadie?
¿Por qué el hijo se queja y dice: ¡Dios, Dios mío!
para que su dolor se calme?
¿Por qué nacen tan lejos esos ríos?
¿Por qué se pierden más lejos, en los mares?
¿Por qué las vegas se resecan?
¿Por qué vomitan fuego los volcanes?
¿Por qué abrasa el silencio los desiertos?
¿Qué se dicen las plantas y qué los animales?
¿Por qué los hombres, gritan: PAZ!!!
y corren como locos a matarse?

Yo quiero tener un hijo
que se parezca lo más posible a mi padre.
Desvivido siempre y por todos;
fatigado, insomne, delirante
a todos congregaba y bendecía
en la mesa y en el lecho al acostarse
día a día en compañia de mi madre.

Yo quiero tener un hijo
¡Dios de dioses! que sepa alabarte.
Que se esfuerce, consígalo o no
por superarse.
Y que sepa y lo logre
conformarse.
Yo quiero tener un hijo.
Esforzarlo, acariciarlo, aconsejarlo, enseñarlo
hasta que aprenda
por sí mismo a realizarse.

Yo quiero tener un hijo
que necesite... tener... un padre.





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