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Afanoso, madruga mi padre. Sosegada mi madre descansa. Entre alegre y triste, de mals gana, desprejuiciado, retiro la almohada; despego la sábana; salto de la cama. Recojo mis libros, cuadernos y notas. Son las seis tan sólo, seis de la mañana. Visto mi uniforme. Emprendo la marcha. Fría despedida. Ruidos de partida. También mi padre inicia su jornada. Ahora mi madre baja de la cama. Yo por el colegio, luzco el uniforme. Mis hermanos en casa aguardan a la muchacha. Placentera mi madre se baña. Los clientes, los bancos, las compras, el personal y los socios, las máquinas, retienen a mi madre , en la fábrica. Mi madre acude a su cita de amigas. A compras, desde hora temprana. En la tarde, compromisos. Té-canasta. Mis dos hermanos, ambos más pequeños, y la mayor, mi hermana, tienen día programado con la muchacha. Nadie en casa conoce un beso, una caricia, una lágrima, una plegaria. Hoy es viernes. Puente el lunes. ¡Qué feliz, me auguro fin de semana! A pasar varios días de asueto en la playa. En la montaña. Lejos del tedio rutinario de la casa. La muchacha, mis hermanos y mi hermana errabundos, desunidos, distanciados, por el parque vagan. Se demora mi padre en la fábrica. Bienhechora, mi madre en la canasta entusiasmada. Despacito van viniendo, todos llegan, con mucho desorden, y algo de jarana. Cargados los bultos emprendemos larga marcha. La galleta del tráfico hace más larga la ruta prolonga la caravana. Surge otra tranca. La noche, el tiempo y el sueño avanzan, sin acortar las distancias. La tranca permanece estacionada. La fatiga pesa. El cansancio abruma y avanza. Mis padres se alteran. Rezongan. Los hermanos pequeños se duermen, no aguantan. Se irritan la muchacha y mi hermana. Se enoja mi padre, mi madre se enoja. Yo disgustado, pierdo la calma. Abro la puertadel carro. Presiento cercanas desgracias. La noche se desprende de estrellas. El sol del amanecer anuncia el alba. En mi familia algo raro pasa. Ocurren desagradables escenas. Se oyen gruesas palabras. Despiertan mis hermanos y mi hermana. Controversia conyugal, mayor que melodramas. Frases feas escuchamos. Frases más que feas, más que raras. Imprevisto, forzado, regreso a casa. Los hijos, bienestar ya no gozamos. La familia, ¡Qué familia! sin paz ni calma. Mis padres el diálogo rechazan. Mis padres esquivan los encuentros. Esquivan mirarse a la cara. Evitan el diálogo, matan la esperanza. Los hermanos, entre hermanos, nos unimos en última instancia. Pedimos a los padres que renazca la calma. No sabemos qué es un beso. Una caricia. Ni una lágrima. Ni una Plegaria. ¡Qué dolor un familia ganga! ¡Una familia desquiciada! ¡Bendice, Dios, las familias! ¡Con la paz del hogar! ¡La paz de tu gracia! Revive, tu familia sagrada. |
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