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SUSTO DE LA MISMA MUERTE! ¡OH MUERTE ENIGMA DE TODA LA VIDA! El don gracioso de la vida para todo cristiano, es el primero en el tiempo, de todos los dones de Dios, para todo ser vivo. Nos motiva a reconocer primero, y obligadamente a agradecer la vida después, por el valor del don divino. Que Dios es amor, y su amor es nuestra vida, resulta el principio más optimista, y primordial, para que reconociéndolo justamente en su valor real, de acuerdo a lo expresado, toda la vida, toda vida, se traduzca o se informe, del más amplio de los optimismos. !Tánto como hacemos por vivir cuando nos parece que se nos va la vida! ¡Tánto como estamos dispuestos a pagar para que la muerte no nos llegue! Tengo una profunda impresión, que lo hacemos, por vivir claro, pero sin dar tanto valor a la vida que poseemos, don de Dios, y gratuito. Pero ¿no será también por excusarnos el pago del más alto de los tributos, que por la vida pagar debemos: la muerte? No es mi ánimo cambiar un sentir, que juzgo demasiado generalísimo; pero tomando, digo, la vida como gratuito don de Dios, resulta más fácil concebir la muerte como el último suspiro de una vida que rebrota, y no como tributo que pagamos por la vida, obligatoriamente y a fondo perdido. Digo esto, porque así me lo sugiere la coincidencia de celebrar el 1 de Noviembre de cada año la festividad de todos los santos. Celebrar, conmemorar, festejar, recordar... En esas memorias estamos cuando llega el día invitándonos con ramos y coronas, flores y plegarias a honrar y encomendar a Dios las almas de nuestro allegados, parientes, los difuntos todos, todos hermanados en Jesús y por Él y con Él encomendados, con la madre María al Padre Dios, de todos Padre, vivos y difuntos. |
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