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Salomé, recibe esta meditación en tus bodas de plata con José. Es la vida un lecho de cruz en el que contamos los días por clavos, a veces capullos, a veces de plata. Misterios del misterio que bulle en la familia. Por senderos que Dios a cada quien le traza, la vida como el agua de las fuentes nace, canta y pasa. La vida se derrama para sufrir y gozar. No en una copa, ni en rica taza en una hoja entera, chica o grande del atlas de familia. La vida son collados de ilusiones en cadenas, alternados con valles de lágrimas. La vida, encrucijada de encuentros igual que el laberinto de los caminos del mapa. La vida, como el agua, hace la fuente; y es fuente la fuente cuando el agua nace y pasa. La vida don de Dios. Es un ser fusión de dos seres y quereres. Derramados en un lago como remansos de agua. Cristalinas unas veces. Otras veces enturbiadas. Rieladas por la luna; apretadas de hielo; o como el sol en brasas. La madre, el padre, los hijos, en un ascua. La madre, el padre, los hijos, en el lago del hogar, mansión de la familia, nido en la casa. La vida, inagotable como el agua de la fuente nace, y pasa. O termina, en cenizas la brasa. La vida como aroma de la rosa en capullo revienta y derrama su fragancia. La vida son, la madre, el padre, los hijos, la familia del Dios Trino. Su imagen y semblanza. Un recuerdo cada instante, una sonrisa, un suspiro, una lágrima. Como aroma del capullo revienta, embriaga, y mata. Dulce, como los sueños de fruta dulce. Amarta, como la sal de cada lágrima. La vida como el rayo de una estrella arde siempre, siempre brilla si la luz no la apaga. La vida la vivimos y no es nuestra. ¿Pensaremos que sólo con la vida se paga? La vida, la fuente que naciendo pasa. Fuente de vida de vitales aguas. |
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