El público en función del sexo



El sexo es uno de los determinantes del ser humano. El sexo no es sólo una diferenciación fisiológica sino también psicológica, lo cual imprime a los seres humanos una forma propia de ser y de comportarse en la sociedad. Es cierto que hay gustos comunes entre los integrantes de ambos sexos; pero también es cierto que el sexo incide en los gustos de hombres y mujeres. Lazarsfeld, ya en 1949, realizó una encuesta sobre las preferencias del sexo femenino en los programas de radio matutinos llegando a la conclusión de que:

- Las amas de casa prefieren programas poco ruidosos.
- Prefieren los programas de radio que las alejen de sus preocupaciones familiares.
- Prefieren las emisiones que presenten algún interés humano.
- Les gustan las informaciones de carácter práctico.

El sexo femenino tiene, evidentemente, unos gustos distintos al sexo masculino. Quizá intervenga la educación, la propia estructura social, quizá los proyectos que se hacen para la vida... Lo cierto es que en esto, como en otras muchas cosas, los sexos se diferencian, y de ahí que los públicos que respondan a diferencias sexuales formen su propio gusto y tengan su propio comportamiento.


El público en función de la edad.



La edad es otro de los condicionantes del ser humano. A medida que vamos avanzando en la vida, vamos adquiriendo experiencia, disponemos de mayores ángulos de referencia, tenemos más posibilidades de realizar juicios críticos, hemos visto más horizontes. La edad va formando también la propia personalidad, y a medida que uno camina en edad aprecia la vida desde otras perspectivas.

Y la edad, por supuesto, condiciona los gustos. Por psicología sabemos que la edad interviene "en el móvil de la actividad". A medida que avanza la edad física el ser humano tiende a realizar actividades menos dinámicas.

Los públicos pueden ser considerados en cuanto a la edad, o agrupados por edades, estudiando las características fundamentales de estas etapas de la vida. Los niños, los jóvenes, los adultos, los ancianos, tienen sus propias motivaciones, sus propias características, sus propias inclinaciones, y todo esto son condicionamientos a la hora de captar, descifrar e interpretar el mensaje.


El público en función del status.



Normalmente se entiende por status a una determinada posición dentro de la estructura social. Y en este sentido tenemos que la persona que pertenece a un status determinado, dentro de la estructura social, se espera de élla unas reacciones determinadas, una conducta conforme a la posición que ocupa. Es decir, que cumpla su rol, su papel.

Por ejemplo, el ser autoridad, o el pertenecer al grupo de quienes mandan, trae consigo una forma particular y característica de comportarse, de actuar en sociedad.

Pero no solamente la autoridad, es decir, la persona que cumple ese papel tiene referencia a sí misma, sino que también influye en las personas que no son autoridad. "Al poseer pocos datos en que basar nuestras opiniones y creencias, nos apoyamos en ciertas autoridades. En efecto, cuando alegamos que conocemos ciertos hechos, en realidad nos estamos refiriendo a manifestaciones sobre dichos hechos en boca de ciertas personas que gozan de prestigio ante nosotros. Por supuesto, gran parte de nuestra civilización se apoya en estas afirmaciones o en los informes de testigos oculares", afirma Morgan.

Y es cierto, continuamente estamos buscando referencias de otros que consideramos superiores, inclusive para reforzar nuestra propia posición individual.

El hecho de pertenecer al grupo de la autoridad trae implícito un prestigio, una posición social, un status. De tal forma que podemos enumerar statuts como: económico, político, religioso, cultural, deportivo, estrellato, profesión que se ejerce, etc., etc., y una enorme cantidad de status entre los cuales el ser humano tiende a encasillarse o la sociedad se encarga de encasillarlo.

En el aspecto religioso esto es sumamente importante y de gran influencia para el receptor. Ese receptor que hemos denominado masa, o que eclesiásticamente se denomina "fieles" suele comportarse como un mero receptor pasivo, un escucha forzado por el mensaje que le viene desde lo alto, desde la autoridad.

La autoridad puede ser el Vaticano, la Curia, las Conferencias Episcopales, El Papa, los obispos, los sacerdotes, los religiosos. Da la sensación de que estos personajes, o estos entes, son los encargados de elaborar los mensajes para los otros, esto es, para los fieles.

Los fieles son meros recipientarios o, en el mejor de los casos, los practicantes de lo que los mensajes que le vienen de fuera les ordenan practicar. La práctica de la fe, no la fe, les viene desde fuera.

Este es un dato sumamente importante a la hora de calibrar el por qué muchas veces el mensaje recibido no es recibido con la confiabilidad que ameritaría o no es aceptado como debería serlo si, en principio, se trata de un mensaje de salvación; el cual, es lógico, sería un mensaje para asumirlo en la alegría.




ESTRATEGIAS COMUNICACIONALES DE LA IGLESIA
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