LOS RIESGOS DEL COMUNICADORUno de los principales retos que tiene que afrontar el comunicador, no solamente el de hoy, sino el de siempre, es el de enfrentar a su conciencia con el contenido del mensaje que desea transmitir. En el caso de Jesús de Nazaret los riesgos acechaban en cada momento. En principio, este planteamiento se torna un tanto utópico, pues ese desear transmitir choca, en la mayor parte de las veces, con las barreras que imponen los intereses diversos, extraños, al profesional de la comunicación. En efecto, no es desvelar ningún secreto el afirmar que en un porcentaje más bién elevado, el comunicador tiene que ceder a la presión de la autocensura; bien para mantenerse en el lugar de trabajo o bien para optar a tener o perder un medio que le sirva de portavoz para enviar su mensaje. Son de sobra conocidos los impedimentos típicos, que a la vez se convierten en impedimentos tópicos. Decir, por ejemplo, que estamos viviendo el ocaso de las ideologías, no deja de ser una presunción concienzudamente planificada. Ocurre que hoy día las ideologías son menos de libro, menos de aula, y más de procedimiento. Y es precisamente por el procedimiento, o en lo que estéticamente pudiéramos denominar estilo, por donde se cuela la más sofisticada autocensura y, por ende, la más descarnada desfiguración de la realidad. De tal forma que no es válido el argumento de la multiplicidad de los Medios para estar más y mejor informado, lo que equivale a decir más objetivamente. Porque, aunque es cierto que una misma noticia es explicada mediante diversas tildes, también es cierto que la mayoría de los ciudadanos se ven incapacitados para tabular lo que de coincidencia tienen todos los mensajes y lo que tienen de divergencia, según las diferentes redacciones; y no se trata tanto de "puntos de vista", los cuales necesariamente deben existir, cuanto de la "fabricación de los diferentes puntos de vista". Todo el mundo sabe que se fabrican noticias con intención bien determinada, productos para cubrir ciertas necesidades, esto es, todo el mundo sabe que se implementan laboratorios para redactar, inventar, desfigurar o tergiversar acontecimientos. Evidentemente, se trata de laboratorios camuflados, y quienes en ellos trabajan saben perfectamente cual es su cometido. Pero, sin caer en estos artilugios de la política, de la economía y de otras artes que marcan el devenir de nuestro tiempo, tenemos a los profesionales, personas o instituciones, que fungen como responsables del quehacer diario de la comunicación.
Así que resulta difícil, si no imposible, teorizar más sobre lo que los Medios deben de ser; los Medios no deben de ser de tal manera. La realidad es que son de tal manera. Y que serán de otra si los protagonistas tienen a bien cambiarlos. Hay, necesariamente, que afrontarlos tal cual son.
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