EL RECEPTOR



Dentro del proceso de la comunicación el Receptor es el punto de llegada del mensaje. Todo mensaje se envía para alguien, para que sea captado y comprendido por alguien, para que sea desinterpretado y, por supuesto, para que surta un efecto.

El Receptor, por lo tanto, es la persona que recibe el mensaje captando el significante como un estímulo para el significado y, potencialmente, para la respuesta.

La respuesta no siempre se efectúa sobre todo cuando la comunicación es unidireccional, de ahí que se diga potencialmente; pero si se trata de una comunicación personal o interpersonal la respuesta del receptor es, no solamente necesaria sino, además, el inicio de un nuevo proceso comunicacional en el cual el Receptor se constituye en Emisor y el proceso continúa para la realización de la comunicación dialogal.

Receptor es todo sujeto con capacidad de recibir (de ahí receptor) e interpretar un mensaje, sea de la índole que sea este mensaje, y sea cual fuera el código empleado para su materialización y los canales elegidos para su transporte.

Ya se enumeraron anteriormente dos tipos claves de comunicación: la interpersonal y la social. En cualquiera de ambas formas la característica del receptor cambia, puesto que la comunicación interpersonal es mucho más afectiva y, como afirma Jorge Xifra Heras, "acontece en el seno de la estructura afectiva o sympathetica de la persona e invade su lado sentimental".

Por otra parte, la comunicación social se desvía un tanto del lado afectivo, porque se trata de una comunicación "simbólica o artificial, en la que uno de los interlocutores es colectivo o plural y rehuye toda posibilidad de contacto amoroso o inefable, que es precisamente lo singular, lo individual".

De tal forma que podríamos afirmar que solamente la comunicación interpersonal es efectivamente comunicación, esto es, común unión, comunión, participación en la interioridad de los comunicantes.

La presencia, elemento fundamental en la comunicación interpersonal, desaparece casi completamente en la comunicación social. El receptor de esta comunicación es anónimo, pertenece a un público y no es identificado como individuo.

Voyenne realiza una buena distinción entre comunicación colectiva y comunicación interpersonal. Define a la colectiva por las características siguientes: 1) El emisor y el receptor no son individuos sino grupos más o menos extensos. 2) Los mensajes se transmiten a través de un órgano de información, con una repetición periódica que tiende a ser permanente. 3) Tales mensajes son múltiples y muy numerosos.

Todo esto incide en el receptor. Para conocer la verdadera naturaleza del receptor de la comunicación hay que tener presente cual es el tipo de comunicación que se está ejerciendo: individual o colectiva. Porque también los objetivos de la comunicación varían si es de un tipo u otro.

Ahora bien, para que el receptor se constituya en tal, es decir, en descifrador y comprensor del mensaje, ha de estar dependiendo del resto de los elementos que integran el proceso. Antonio Pascuali afirma que la operación del Perceptor o receptor incluye: a) La elección del canal artificial, b) La interpretación del código natural, c) La comprensión del mensaje, d) La posible respuesta.

La elección del canal no siempre es libre, sino que cuando se trata de comunicación social la mayor parte de las veces esta elección está condicionada, en otras palabras: es impuesta. No es mucha la posibilidad de elección de los canales audiovisuales, por ejemplo, la televisión.

Si bien es cierto que en casi todos los países existen diversos canales televisivos o posibilidades de elección del Medio, esta elección no se refiere solamente a la posibilidad de sintonizar uno u otro, sino a la posibilidad de elegir el programa por ellos transmitido, esto es, el mensaje que se emite.

Hay momentos en los cuales el receptor social no tiene más remedio que seleccionar el programa "establecido": telenovelas a la misma hora en todos o casi todos los canales; películas del mismo corte y a la misma hora; programas de variedades a la misma hora.. De tal forma que la elección de cambio de sintonía de un canal a otro no constituye una auténtica elección sino quedarse con aquella comunicación que invariablemente se ofrece, aunque ese tipo de comunicación no sea la más adaptable a los propios deseos. Lo mismo ocurre con las emisoras de radio.

En algunos lugares la elección es totalmente negativa, por la sencilla razón de que ni siquiera existe la posibilidad de seleccionar, pues no existen alternativas mínimas de elección; solamente hay un canal.

Pero los receptores sociales, además, son de diferente categoría, inclusive de distinta categoría económica, y esto puede hacer que los económicamente débiles no puedan tener acceso a las transmisiones de determinados canales porque no pueden adquirir los instrumentos o aparatos por los cuales se transmiten dichos mensajes.

El problema de la interpretación del código es mucho más complejo. La elaboración sofisticada de ciertos mensajes, la utilización de códigos de difícil comprensión, la utilización de signos y símbolos no acordes con la educación, la cultura, la idiosincrasia, etc., de gran número de receptores, hace que el mensaje no sea comprendido en su totalidad e, inclusive, que sea mal interpretado. No siempre el receptor social está en capacidad de comprender el mensaje social.

Aquí podríamos incluir gran cantidad de escritos emitidos por Medios de comunicación masiva, como la prensa; películas con una técnica altamente sofisticada; programas televisivos estructurados no de acuerdo con las posibilidades de comprensión de grandes masas de la población.

Todo esto no quiere decir que los mensajes hayan de utilizar codificaciones simples e, inclusive, chabacanas, sólo por la simple razón de hacer comprensible el mensaje a todos los públicos. Tampoco quiere decir que haya que despreciar los simbolismos. Esto sería condenar el progreso técnico comunicacional y las nuevas posibilidades de ensamblaje de mensajes que cada día se nos ofrecen. Sería insensato condenar la codificación pictórica de Picasso por la simple razón de que su mensaje no es captado en la misma intensidad por todos los receptores masa.

Estamos simplemente describiendo un hecho: el receptor es muy variado, con muchos condicionamientos y la comprensión del mensaje emitido no siempre es efectiva aunque el medio de transporte de la comunicación se denomine Medio de masas.

Hay que dejar claro, como afirma Pascuali, que "la comprensión del mensaje es el verdadero acto de recepción del mensaje, su asimilación por parte del receptor, la importancia de la cantidad de información que transporta a las formas del saber ya poseídas por el recipiendario".

Esta comprensión del mensaje, este desciframiento cabal de los signos y símbolos utilizados para que la comunicación sea verdaderamente efectiva, es lo que permite que el receptor ejerza su derecho a la réplica, es decir, a la respuesta. "Para que la comunicación sea perfecta -afirma Xifra Heras- es necesario que tanto la codificación como la descodificación respondan a un criterio de alta fidelidad, o sea, que expresen e intrepreten en forma perfecta el significado de la fuente".

Lo lógico en la comunicación colectiva sería cuidar de que la significación (la coincidencia entre significante y significados, entre el emisor o codificador y el receptor) fuera perfecta. Sin embargo, sabemos muy bien de los condicionamientos del receptor, iguales o parecidos a los condicionamientos del emisor.

En toda codificación del mensaje, como en toda recepción del mismo, intervienen ruidos, elementos distorsionadores, tanto técnicos como de índole personal (subjetiva, ideológica); estos condicionamientos son las grandes interferencias a las cuales hay que hacer frente y de las cuales es muy difícil que, tanto el emisor como el receptor, puedan librarse.

Como podemos apreciar, el receptor puede ser tanto una persona individual como una persona moral, o puede ser una masa en la que los individuos se despersonalizan para captar un tipo de comunicación impersonal, unos mensajes que van dirigidos al montón. La masa abarcaría la totalidad de los individuos receptores no encasillados en un grupo determinado, no distanciados por circunstancias particulares sino considerados como un todo.

Masa puede ser identificada con la totalidad de la población, bien a plano nacional, bien internacional. La "aldea global" de McLuhan sería esta gran masa. Y masa, en última instancia, podría ser considerada como ese destinatario anónimo al cual van dirigidos los mensajes emitidos por los Medios llamados precisamente de comunicación de masas.

Es cierto que algunos Medios de comunicación de masas se dirigen, no a un todo sino a un público concreto y definido. En este caso casi ni los mensajes ni los medios utilizados para su transporte debería ser denominados Medios de masas.

Existen revistas con destino exclusivamente a la mujer, y en este sentido el medio revista femenina sería un Medio de masas, o para la "masa-mujer".

El público ha quedado poco reducido, pero el concepto de masa no ha variado. Igualmente ocurre con revistas exclusivamente de tema deportivo, o de temas eminentemente juveniles o infantiles. Lo que ocure en estos casos es que las masas se han estratificado en clases, se han reducido cuantitativamente, pero el concepto cualitativo de masa no ha variado.

Las excepciones siempre confirman la regla, y aquí tenemos la excepción de revistas dirigidas no ya a masas sino a públicos muy concretos y diferenciados; por ejemplo, revistas para médicos, revistas filosóficas, revistas para técnicos en alguna rama del saber, revistas inclusive para comerciantes...

En alguno de estos casos podemos afirmar que los públicos se identifican más como personas morales que como masas identificadas. Pero los grandes Medios de comunicación social no formulan distinciones tan precisas, y sí engloban en su público a las masas.

Estudiar al receptor es enmarcarlo en su entorno, en sus circunstancias individuales y sociales. Y muchas veces los mensajes transmitidos por los Medios publicitarios (mensajes con objetivos no tanto comunicacionales cuanto comerciales o ideológicos), los mensajes emitidos por los canales televisivos o de radio... no tienen éxito porque han olvidado ese receptor concreto y circunstanciado al que pretenden llegar.

No es necesario solamente que el receptor esté en capacidad de entender o descifrar tal mensaje, sino que esté en capacidad de aceptarlo como mensaje, esté emotivamente dispuesto a "comprenderlo", a "descifrarlo para sí".

Los codificadores, en muchas ocasiones, olvidan o dejan de lado las características individuales y sociales de los receptores posibles, su proceso de socialización, su situación económica, sus tabues religiosos, ideológicos, su formación cultural, sus costumbres sociales, su ambientación geográfica, su forma de vida; en una palabra: sus circunstancias.




ESTRATEGIAS COMUNICACIONALES DE LA IGLESIA
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