PRODUCCIÓN PROPIA DE LA IGLESIA(Caminos, inversiones, formulaciones, ¿quiénes?, contenidos...)Tanto si tiene o no Medios propios, la Iglesia debe producir para los Medios y no meramente por cumplir una exigencia de la evolución de la sociedad, sino porque la producción es realizar su esencia misma recibida de Jesucristo: "Id por el mundo y predicad la Nueva Buena". Así lo ha hecho la Iglesia en sus veinte siglos de existencia y siempre estuvo a la cabeza en las diferentes formas y maneras de transmitir mensajes de salvación que existen en el mundo: palabras, códices, monasterios, bibliotecas, púlpitos, confesionarios, viajes a mundos desconocidos, creencias, inventos, poder civil, artes (literatura, escultura, pintura, arquitectura, teatro...) ¿Quién sería capaz de hacer un inventario completo de tanta producción inspirada en la misión divulgadora y transmisora del Evangelio? En el siglo XX han aparecido formas, medios, maneras, recursos... de trasmitir mensajes que en el siglo XIX resultaban imposibles de concebir, aún a los más soñadores. La combinación de varios elementos: cables, energía eléctrica, lentes, mecánica, ondas, pilas, lámparas, sonidos, satélites, imágenes comprimidas, han creado un mundo de fantasía que, a pesar de ser natural a nosotros hoy día, no dejan de asombrar a la mente humana cuando recapacita sobre ellos. A toda esta inmensa gama de recursos el hombre le ha dado una aplicación de respuesta a la necesidad natural de comunicarse por encima del espacio y tiempo, las dos coordenadas de su finitud que le trascienden hacia lo infinito. Descubrimiento, desarrollo, apogeo y futuro sorprendieron a la misma sociedad que, atónita, no salía de su asombro. Mas las tendencias profundamente humanas de comunicarse, de obtención de lucro, de trascenderse, destacar, etc., todas ellas conjugadas y ensambladas, han creado un cúmulo de aplicaciones, en un tiempo tan corto, que prácticamente ni los más expertos en estos temas logran mantenerse informados sobre los nuevos descubrimientos y aplicaciones. Iglesia histórica, vetusta y siempre joven: ¿Cuál es el espacio que ocupas en esta maraña comunicacional?, ¿qué imagen transmites?, ¿qué perfil mantienes?, ¿qué lobby creas?, ¿qué concepción tienes?, ¿qué valor le asignas?, ¿qué uso haces...? Ya nadie duda que la persona deseosa de penetrar en este mundo debe seleccionar algunos de los variados matices, aspectos..., en los cuales deba especializarse; de lo contrario, siempre permanecerá desfasada. Está claro, a través del desarrollo de todo lo que hasta aquí hemos expuesto, que es urgente, prioritario, perentorio que la institución eclesiástica se plantee, acepte y enfrente muy seriamente el reto que ha recibido, un tanto sorprendida y sobrecogida. No es menos cierto las diversas y múltiples expresiones, formas y manifestaciones que la Iglesia viene realizando de esta inquietud. También es rotundamente cierto que la Iglesia cuenta con personal preparado, idóneo, capacitado, tales como: creativos, escritores, actores, técnicos, ingenieros, para responder al reto; así como el abanico de recursos varios como: locaciones, finanzas, gestiones, administrativos, capacidad logística, etc. Hoy día, toda institución que se precie de sí misma, tanto política, empresarial, gremial, sindical, como deportista, económica, social, cultural y financiera, como diferentes credos religiosos expandidos por el universo, dedica: tiempo, espacios y recursos económicos para elaborar un plan global en función de los cánones que impone el mundo de la Comunicación. La Iglesia, como tal, como institución global, como constitucionalmente comunicadora, no podrá ser una excepción a esta forma de proceder; antes al contrario. La Iglesia deberá ser abanderada en este ámbito para desempeñar a cabalidad la función o misión que le fue encomendada por su fundador Jesús, quien tan magistralmente supo desenvolverse en este menester de la sociedad.
Al disponer la Iglesia de producción propia se le abrirá un efecto multiplicador muy interesante, ya que una misma producción podrá ser utilizada por varios y diversos transmisores en diferentes países, en diversos idiomas, economizando justamente en el ámbito comunicacional, el más interesante, necesario e imprescindible hoy día.
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