PRODUCCIÓN



Con el desarrollo de los Medios de Comunicación se han disparado los costos de las producciones y a su alrededor se van creando grandes estructuras, algunas de ellas ya obsoletas y vendidas al mejor postor.

Ante esta realidad, los grandes Medios, han optado, hoy día, por conservar un mínimo de estructura para la producción propia que abastezca el consumo diario y el resto de producción que exige una mayor complejidad estructural, lo contratan a empresas especializadas en producción.

Esta nueva estructura comunicacional puede realizar la producción que ha recibido por encargo de un tercero y éste es el propietario de la producción, o la misma empresa productora realiza la producción como obra propia y es ella misma la propietaria de la producción realizada.

Sin duda que estas productoras son un nuevo camino, muy idóneo, para que la Iglesia se haga presente en los Medios eligiendo la opción de encargar productos de cierta envergadura a estas empresas especializadas y después ofrecerlas en venta o por vía de colaboración a diferentes Medios existentes en el mercado, con lo cual consigue un efecto multiplicador del producto y de la inversión realizada. O la Iglesia elige la opción, también con efecto multiplicador, de crear alguna empresa especializada en producción para sus propias producciones; en este caso, puede también vender los servicios de productora a terceros, con lo cual la Iglesia dispondría de una vía más de autofinanciamiento en el ámbito de los Medios.

Por último, también es posible para la Iglesia recorrer este camino de producción propia y efecto multiplicador, realizando inversiones, proporcionando, estimulando y alentando el capital privado para que se creen productoras, cuyos directivos se comprometan a realizar producciones de contenidos inspirados en los valores del Evangelio.

Toda persona sabe hoy día que el éxito o el fracaso de los grandes Medios tiene dos ejes, uno el real y auténtico: la producción; el otro el de la financiación. Uno y otro suponen gran dosis de originalidad y creatividad.

Pero entre los dos ejes, el primero merece nuestra atención especial en estos momentos.

La financiación, sin el primero decaería fuertemente pues los grandes transmisores siguen transmitiendo ininterrumpidamente. Por lo tanto, necesitan ellos mismos, alimentarse permanentemente. En otras palabras, si los Medios no disponen de producciones deben recortar sus programaciones o llenar los espacios con "enlatados" y seriales a muy bajo costo, pero que dejan mucho que desear ante los receptores.

Es aquí donde se le presenta a la Iglesia una gran oportunidad y reto desafiante. ¿Sabrá y podrá la Iglesia aprovechar tan excelente oportunidad que se le brinda gratuitamente y a lo mejor hasta percibiendo algún beneficio económico?

También los transmisores gestionados por entes públicos cuentan con esta limitación. Además, ya que por ser entes públicos, deben reservar espacios suficientes y en consonancia con los colectivos que integran la sociedad que representan.

La Iglesia debe hacer valer su derecho (no su privilegio) de optar a llenar tales espacios con dignidad, calidad y según las formas de lenguaje propio de los Medios sin desmerecer en lo más mínimo, como a veces ocurre.

Todo esto supone una excelente organización de la Iglesia en relación a los Medios no dejando este asunto al azar, improvisación y buena voluntad. Es una tarea árdua, de coordinación, planificación, realización o producción, de relaciones interinstitucionales, de trazar objetivos, metas, etapas, prioridades, etc., como veremos más adelante.




ESTRATEGIAS COMUNICACIONALES DE LA IGLESIA
© Juan Morera y Adolfo Carreto - Todos los derechos reservados.