III- APROXIMACIÓN A UNA PROPUESTAUSO DE LOS MEDIOS Asumir posiciones extremas en cualquiera de los campos y sectores de la vida es una actitud personal perniciosa. Por eso, pensar que el día en que la Iglesia, como institución, se lance al ruedo de los Medios, encontrará la panacea de comunicación con el mundo, es una ilusión infantil. Pero sin llegar a este extremo, se puede afirmar que en el uso correcto que la Iglesia haga de los Medios está su porvenir. Hasta hoy, la presencia de la Iglesia en los Medios ha sido un tanto tímida, desorganizada, temerosa, suspicaz; a veces, inclusive, transmitiendo una "imagen" negativa de sí misma. Esta presencia de la Iglesia en los Medios hasta el día de hoy, ha sido fruto del mayor o menor talante de personas voluntariosas. Sin temor a equivocaciones se puede afirmar que, hasta el presente, la Iglesia, como institución, no ha tenido unas estrategias comunicacionales en los Medios Masivos. Aunque duela, se puede afirmar que la Iglesia ha llegado tarde a los Medios. En su discurso teórico siempre habla de la importancia, trascendencia e influencia que los Medios gozan en la sociedad; pero en la práctica no se vislumbran acciones organizadas, voluntad firme, políticas adecuadas ni proyectos cónsonos, a corto y medio plazo por parte de sus autoridades. La presencia efectiva, real y de peso en los Medios deberá ser un objetivo prioritario de la institución eclesiástica; no meramente por "pose" y "prurito" esnobista de individualidades, sino por convencimiento de que así debe ser. Actuando así la Iglesia se encontrará consigo misma, ya que por su naturaleza constitutiva, o es Comunicación (expresión sacramental de su fundador y su mensaje) o no tiene razón de ser. También es cierto que la Iglesia cuenta con un caudal de recursos para hacerse presente en los Medios, con dignidad y eficiencia: personas, instituciones, profesionales de los Medios comunicacionales, recursos económicos, etc. que puestos en marcha por un proyecto común convincente, organizado, serían capaces de motorizar el reto más imposible e inimaginable. A favor de la Iglesia cuenta también su trayectoria histórica como maestra exquisita en la atención esmerada y trato delicado que sabe brindar a la persona humana, su valorización y dignidad; en definitiva, al sujeto y destinatario de toda comunicación. No existe institución alguna que conozca mejor a la persona en su realidad integral: origen y destino, soledad, enfermedad, dolor, ideales, injusticia, amor, convivencia, solidaridad... como la conoce la Iglesia, portadora de auténticas respuestas a los planteamientos angustiantes y existenciales del hombre. El hecho o fenómeno de la comunicación, hoy día, comporta una fuerte dosis de comprensión, de análisis y visión profética. La mera presencia real y efectiva en el hecho comunicacional masivo conforma toda una ciencia sofisticada, de evolución vertiginosa y con tecnología punta. Exige una auténtica imaginación creativa para penetrar en el resbaladizo terreno de la competencia; aunque la Iglesia no deberá comportarse nunca como una competidora más en la multiplicidad de intereses participantes en los Medios ni en sus formas de expresión. Ha llegado el momento en que la Iglesia recorra caminos concretos y necesarios que marcarán un hito en este final de siglo, aunque no faltarán voces en pro y en contra, del cómo y cuándo, de quiénes, dónde y por dónde deberá transitar con mayor o menor acierto y efectividad. Los Medios están ahí. Como significa la misma palabra son medios, instrumentos, herramientas, recursos de comuncación, con mayor o menor efectividad, pero Medios. No poseen por sí mismos calificativo alguno sino el que los hombres le pongan con su debido o indebido, con su correcto o incorrecto uso. Los Medios, una vez descubiertos, brindarán un servicio u otro de signo contrario. Lo cierto es que los Medios de Comunicación han acaparado hoy día el auténtico poder en la sociedad. Quién hábil y sagazmente los utilice dispondrá del poder, que en sí también ni es malo ni es bueno.
Los hijos de las tinieblas son a veces más astutos que los hijos de la luz; no hay duda. Pero también pesa sobre la Iglesia el mandato de ser astutos como las serpientes, la misión de ser luz para iluminar y guiar las voluntades, levadura para alimentar la existencia humana y sal para condimentar el sentido de la misma vida.
|