¿MEDIOS PROPIOS DE LA IGLESIA?



Esta es una gran pregunta que no tiene respuesta cuando se plantea en términos excluyentes. Por eso nos limitaremos a mencionar algunas reflexiones sobre diferentes aspectos que la Iglesia, a la hora de elaborar estrategias comunicacionales deberá tener muy presente antes de inclinarse por el sí o por el no.

Ante todo deberá preguntarse: ¿dónde, cuándo, programación, contenidos, alcance de sintonía, costos, personal capacitado, conveniencia, horarios, competencia, financiamiento...?

Cuando uno se adentra en el complejo mundo de los Medios, se percata a simple vista de las siguientes constataciones:

    1.- El alto costo de inversión que hoy conllevan los Medios en instalaciones, mantenimiento, producciones, personal técnico, royaltys.

    2.- El acelerado rítmo de avances y cambios tecnológicos que suponen nuevas y dispendiosas inversiones para poder mantenerse a la altura de la oferta que la sociedad presenta.

    3.- La gran capacidad empresarial y gerencial que supone crear y mantener semejantes estructuras.

    4.- Las ingentes sumas astronómicas de capitales que se manejan en los Medios y en su contorno, como publicidad, mercadeo, etc.

    5.- La lucha sostenida sin cuartel por el ranking, conlleva a intrigas, competencias desleales, manipulaciones... incluso a un mundo sórdido.

    6.- Los Medios no solamente son un campo en el que compiten los intereses económicos sino también los intereses político-partidistas y los poderes de la sociedad, así como el control de la información (por el poder que éste a su vez engendra o conlleva) que a su vez suponen grandes estructuras e inversiones; así como la actualidad instantánea de la noticia.

    7.- Sería temerario afirmar que los Medios, en general, se oponen a usar producciones de contenidos humano-cristianos y a presentar producciones realizadas por el mundo religioso. 8.- Los puntos mencionados anteriormente llevan a la creación de un pugilato por la competencia de los Medios entre sí.

Conclusión: La Iglesia debe tener muy claro que su posicionamiento en los Medios debe ser por la Producción y todo lo demás deberá girar en función de esta premisa. Por lo tanto si debe tener o no Medios propios (emisoras de radio, televisiones, rotativos, satélites, redes o autopistas) quedará supeditado a la necesidad, oportunidad, conveniencia, disponibilidad... que tenga para divulgar las propias producciones y las de contenidos inspirados y cargados del espíritu evangélico sin olvidar las producciones que se realizan en ámbitos fuera de la misma Iglesia, pero que realmente transpiran valores humano-cristianos.

Delante de estas y otras constataciones que se pueden alegar conviene replantearse la pregunta: ¿La Iglesia debe, hoy en una sociedad pluralista disponer de Medios propios?

Desde luego que sí pero solamente en zonas y momentos en que le sea imposible acceder directamente a los Medios existentes en la sociedad, para hacer oír su voz sin distorsiones ni manipulaciones, respetando la convivencia de una sociedad pluralista y sin caer nunca en aspectos de competencia de los Medios.

Esta presencia de la Iglesia en los Medios propios solamente resultará efectiva si se caracteriza por sus contenidos de interés permanente para la persona, por la dignidad y respeto en la presentación de los mismos contenidos y por la calidad de la producción misma, sin olvidar que la Iglesia debe comunicar el Evangelio y no tanto a sí misma en un sentido narcisista o de poder en el mundo.




ESTRATEGIAS COMUNICACIONALES DE LA IGLESIA
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