FUENTE - EMISOR - CODIFICADOR - COMUNICADORA veces, indiscriminadamente, se identifican estos cuatro elementos del proceso de comunicación. Lo cierto es que, aunque a veces coinciden, se dan en un mismo sujeto, otras muchas no; sobre todo cuando se trata de la emisión de una comunicación profesionalizada. Y es preciso saber detectar las diferencias y las semejanzas, las identificaciones y las separaciones, pues en ello puede residir el que un mensaje goce de objetividad o esté marcado por la manipulación. Un ejemplo claro en el cual la identificación es absoluta, es el de Jesús de Nazaret como sujeto de la comunicación. Otro, completamente inverso, es el ya aducido, como la creación de los laboratorios de confección interesada de mensajes. La Fuente es el principio, el fundamento, el origen de algo. La "Fons" latina es el manantial de donde brota el agua. Por otra parte la Emisión es el acto de arrojar, exhalar o echar hacia afuera una cosa. Y, como afirma el diccionario: "tratándose de juicios, dictámenes, opiniones, etc., darlos, manifestarlos por escrito o de viva voz". Y desde el punto de vista netamente técnico o electrónico, emitir es "lanzar ondas hertzianas para hacer oír señales, noticias, música, imágenes, etc.". Esta última acepción técnica está, como veremos, íntimamente ligada a los canales técnicos comunicacionales, como son la radio, la televisión, el teléfono, los satélites artificiales, etc. A su vez el Codificador es quien "hace o forma un cuerpo de leyes metódico y sistemático"; leyes que estarán concebidas en un código, creado personalmente o creado socialmente. Y por último, el Comunicador: quien realiza el acto de comunicar o "el que hace a otro partícipe de lo que uno tiene". Podemos apreciar cómo todas estas palabras, siginificativamente, tienen algo en común; pero cómo también, significativamente, se diferencian en algo. La Fuente, retomando su significación original, es el lugar de donde fluye una cosa, una comunicación, una idea, una intención si este "lugar" es la persona humana. David Berlo, refiriéndose concretamente a la "persona o grupo de personas con un objetivo y una razón para ponerse en comunicación". Por lo tanto, las ideas fluyen, manan, emergen de la persona-fuente; y no solamente las ideas sino también las necesidades, la información y un propósito por el cual se realiza el acto comunicativo. Es evidente que este propósito debe de ser materializado para lo cual es preciso utilizar un código; de tal forma que la Fuente, en muchas ocasiones, es a la vez el codificador de su propia idea. Generalmente en la comunicación de tipo didáctico, o de tipo dialogal, fuente-emisor-codificador-comunicador, coinciden en la misma persona. El profesor está impartiendo unos conocimientos, es decir, está haciendo que de su mente vayan fluyendo las ideas que configuran el mensaje didáctico; a la vez, él mismo las materializa, utilizando el código apropiado para ello: fórmulas matemáticas, fórmulas químicas, normas éticas, palabras comunes, etc., de tal modo que se convierte en el codificador de sus propias ideas. A la vez, existen las fuentes de inspiración para la confección de las ideas. Jesús de Nazaret utilizaba como fuente de inspiración lo más común y a mano, precisamente para que la confección del mensaje fuera entendida por el común de la gente: las flores del campo, la siembra, las redes y los pescadores, cualesquiera de las actividades humanas al igual que los fenómenos de la naturaleza le servían como fuente de inspiración para confeccionar su mensaje. Toda la comunicación en base a la técnica de las parábolas estaba motivada por esta fuente de inspiración. A la vez, Él mismo era el sujeto que emitía los mensajes, de tal forma que Él mismo era el auténtico comunicador: el sujeto que realizaba el acto de comunicar después de haber materializado sus ideas conforme a un código apto para que tales ideas llegaran a los receptores. Podemos ir aclarando conceptos y, a partir de la Fuente, del lugar de donde procede o dimana la idea a ser comunicada, la cual puede ser tanto la mente humana o un acontecimiento que actúa como estímulo ante la mente humana, podemos adentrarnos en el Emisor, ese ser con capacidad de dar a conocer el mensaje, ese Quien que, a partir de una idea, de un significado, de un estímulo, y en muchas oportunidades de un mandato, pone en acción todos los requisitos para materializar con el fin de darlo a conocer o de hacerlo común, el mensaje. Es así como el Emisor se convierte en Comunicador, y si es él realmente quien ha materializado la idea por medio de la utilización de un código oportuno, es él también el sujeto Codificador. Por tanto, junto al Emisor puede aparecer el Codificador. Ambos elementos del proceso, como hemos podido apreciar, pueden pertenecer a una misma realidad, aunque esto no quiere decir que siempre ambos sujetos coincidan. Puede darse el caso en el que un sujeto codifique un mensaje y otro diferente sea quien lo emita, quien lo transmita. Los locutores, por ejemplo, son simples emisores-transmisores de una información previamente codificada por un redactor, la cual no necesariamente ha sido ideada por él: el acontecimiento ha sido la fuente de donde parte tal información. El Codificador, evidentemente, puede ser el mismo sujeto emisor, pero en muchísimos casos no lo es. Pongamos el ejemplo de la comunicación publicitaria. Generalmente quienes codifican los mensajes a ser transmitidos son varias personas trabajando en equipo debido a la complejidad técnica de los códigos manejados en este tipo de comunicación. Existe una interrelación entre todos los elementos que integran el anuncio publicitario para lograr la estructura comunicativa; pero la elaboración de esos requisitos está en función de diferentes personas: unas se encargarán de la redacción lingüística, otras de la diagramación, otras de la selección de gráficas, colores, tamaños y tipos de letras, etc.; de tal forma que la confección final del mensaje publicitario o anuncio, es decir de la codificación definitiva no es obra de un solo codificador sino de un conjunto de personas especializadas técnicamente en la elaboración de los distintos elementos que dan forma definitiva al mensaje. Como, por otra parte, el sujeto individual, el Codificador o codificadores del mensaje publicitario, permanecen en el anonimato y el único responsable que se muestra como tal es la Agencia Publicitaria, tendremos que hablar, si acaso, de un codificador plural, es decir, de una Agencia. Nos encontramos ya dentro del concepto Persona Moral, concepto que, en este caso, se aplica no solamente al Codificador sino también al emisor: quien envía el Mensaje es la Agencia, no una persona individual. Y, a su vez, quien a la Agencia le ha dado la idea para ensamblar tal mensaje ha sido el dueño o responsable del producto publicitario que, en definitiva, es quien lo paga. Se ha elaborado un mensaje con objetivo netamente comercial, un producto para la motivación hacia la compra o adquisición de otro producto. La persona moral como sujeto emisor-codificador es sumamente importante a la hora de calibrar la intencionalidad del mensaje y, por ende, su objetividad: una persona moral está compuesta por un grupo de individuos organizados en base a una misma razón social. Aunque el mensaje transmitido lo realice una persona individual, ésta no actua por iniciativa propia, ni bajo una sola responsabilidad, sino que, aunque hable individualmente, comunica el pensamiento del grupo. Vamos a colocar, a modo de ejemplo, algunas personas morales y algunos individuos que, en su actuación, lo hacen no como individualidades sino como pertenecientes a la persona moral a la cual representan: los Partidos Políticos, Fedecámaras, la Iglesia Católica, el Sindicato, los Gobiernos..., y sus portavoces van a ser los delegados: el secretario general del partido, el presidente de la patronal, el obispo o arzobispo, el delegado del sindicato o el portavoz del gobierno. Es posible que el emisor-persona-moral no esté, individualmente, de acuerdo con la comunicación que transmite (aunque hable en "nosotros"), pero se constituye en emisor porque es representante, actuando en ese momento como totalidad. La naturaleza de este emisor-persona-moral está aún más condicionada que la propia naturaleza del emisor estrictamente individual. El emisor-persona-moral ha de dejar de lado su identidad particular para hablar en nombre de la colectividad de la cual es integrante y su representante, y de la cual, a su vez, depende. Por eso casi siempre tendrá que utilizar el plural "nosotros" como punto de referencia. Es el lenguaje común y típico de los dirigentes de los partidos políticos. Decíamos que no se identifican necesariamente, aunque puedan identificarse en algunos casos: Fuente, Emisor, Codificador y Comunicador. Lo que, a todas luces es interesante tener en cuenta a la hora de captar y reinterpretar el mensaje recibido. No solamente saber quien lo dice, sino también de donde viene. Detectar no solamente la posible buena imagen de quien lo transmite, sino lo que esa buena imagen puede esconder detrás de élla: la fuente de donde emana la comunicación.
Ya sólo con estas breves apreciaciones podemos calibrar lo complejo que puede resultar un mensaje y cómo éste puede llevar camuflado un objetivo que aparentemente no se ve, no se capta.
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