EL CANAL



Todo canal, dentro del proceso de comunicación, puede ser considerado bien como un medio físico, bien como un medio mecánico; el cual tiene como objetivo permitir que por él pase el contenido de la comuncación, es decir, el significante (puesto que el significado se produce en el receptor), en el espacio, en el tiempo o en el espacio-tiempo.

No cabe la menor duda de que el canal fundamental en el orden de la comunicación interpersonal es el canal natural. Así podemos aventurarnos a clasificar los canales según tres opciones fundamentales: los canales naturales, los físicos y los mecánicos.

David Berlo, al estudiar el problema del Canal dentro de la teoría de la comunicación, afirma que ningún término "ha sido objeto de tanto uso y abuso como la palabra canal". Inclusive, el mismo autor propone detenerse a considerar tres siginificados atribuidos a esta palabra:

    a) Formas de codificar y descodificar mensajes.
    b) Vehículos de transmisión de los mensajes.
    c) Medio de transporte (posibilidad de que el vehículo circule por un lugar determinado)
Lo cierto de todo esto es que el mensaje codificado necesita llegar hasta el receptor para que la comunicación logre el efecto deseado. Esta necesidad de traslado de los mensajes la cumple el canal independientemente de la forma que tenga y de la calidad que posea. Es cierto que pueden surgir interferencias, pero de ésto se hablará más adelante.

Generalmente cuando se habla de canales o medios físicos se limita este significado a los canales técnicos o mecánicos: a aquellos que han sido denominados como los "Medios de comunicación de masas".

Pero es evidente que ni éstos son los únicos canales, ni son los más representativos en la comunicación interpersonal.

Más todavía, muchos opinan que tales canales ofrecen una enorme interferencia para la comunicación interpersonal.

En resumen, los canales son los encargados de enviar información por medio de unidades significativas. Después habrá que ir descifrando estas unidades significativas para completar la estructura del mensaje, es decir, el contenido total.

Cuando definíamos al canal como un medio físico nos referíamos al hecho de que previamente el codificador ha ensamblado ya el contenido en base a unos elementos físicos facilitados por el código correspondiente.

Si el mensaje tiene ya un soporte material (la voz, la fotografía, las ondas hertzianas, la música, los tonos musicales, el lienzo, el celuloide, etc.) necesariamente el medio por el cual han de llegar al receptor esas unidades significativas ha de ser un medio físico; puede ser un medio físico natural: la voz lo es, y el espacio por el que circula la voz, la sonrisa, una lágrima..., son la manifestación, el soporte de la comunicación íntima, interna, las cuales se manifiestan por medio de canales fisiológicos.

Los medios mecánicos corresponderían a cualquier tipo de artefacto o invento mecánico que sea capaz de hacer llegar una información dese el arranque emisor hasta el punto receptor.

Los sentidos humanos no solamente son receptores de información sino también transmisores de la misma, y en este sentido se constituyen en canales fisiológicos.

Los canales técnicos vienen siendo una prolongación de los fisiológicos. El mensaje emitido en base al sonido es evidente que tiene sus limitaciones en cuanto a la distancia natural. El oído puede captar solamente sonidos más o menos cercanos.

Cuando los interlocutores amplían las distancias, los sonidos se pierden, de manera que se necesitarán unos amplificadores de prolongación y transporte de esos sonidos en el espacio, y quizá también en el tiempo. La técnica moderna ha ayudado a este órgano natural y ha dado quizá razón a McLuhan cuando afirmaba que los Medios de comunicación son la prolongación de nuestros sentidos.

Exactamente lo mismo ocurre con el sentido de la vista, y con el resto de los sentidos. Tienen una captación limitada de los estímulos, de tal forma que se necesitarán refuerzos para que tales estímulos lleguen hasta el receptor en condiciones aptas para ser captados.

Resumiendo, y remitiéndonos concretamente al problema de la transmisión de información, el canal, según la expresión de Jorge Xifra Heras, es "el medio que materializa la transmisión del mensaje". Los medios naturales de transmisión, que fueron utilizados desde siempre, y que son válidos fundamentalmente para la comunicación interpersonal, son, entre otros, la voz, el contacto físico, la cita, la visita..., pero cuando ya salimos de este entorno interpersonal de la comunicación directa, es decir, del "face-to-face", entonces necesitamos de auxiliares, de complementos a lo natural, y estos complementos son los canales artificiales.

Podemos citar, entre otros, el teléfono, que si bien sirve para establecer una comunicación interpersonal, la proximidad entre los interlocutores no es "face-to-face"; es decir, puede existir una proximidad emotiva, pero no una proximidad física.

Otros medios técnicos de los cuales nos servimos casi a diario, son el telégrafo, el teletipo, el telefoto, el fax, el ordenador, la prensa, la radio, el cine, la televisión, los libros, los carteles publicitarios, los graffiti y un sin fin más de medios.

En épocas antiguas se utilizaron también como canales de transmisión de información medios netamente naturales, aunque no fisiológicos, como el fuego, el humo, los tambores...

Luego, ya casi en nuestros días, fueron apareciendo los denominados medios eminentemente técnicos, sin olvidar, lógicamente, la invención de los tipos móviles y la consiguiente multiplicación de los mismos mensajes impresos.

A este respecto cabe destacar inventos como el telégrafo óptico, el telégrafo terreste, el telégrafo submarino, el teléfono, el telefacsimil, la televisión y sobre todo los satélites artificiales. Es evidente que todos estos inventos han revolucionado el mundo de la transmisión de información.

Ahora bien, es bueno aclarar que todos estos canales de transmisión de información no coinciden con el denominado concepto de Medios de comunicación social o de masas. También es cierto que todos ellos constituyen un apoyo considerable para que los denominados Medios de comunicación de masas puedan cumplir su objetivo.

Sin entrar ahora en mayores detalles sobre los Medios de comunicación social, sí queremos dejar constancia ya de que, como afirma Jorge Xifra Heras, la palabra medio debe interpretarse aquí "en el sentido más general..., como sustancia a través de la cual actúa una fuerza o se transmite un efecto. Medio equivale, pues, a elemento que envuelve o difunde. El aire, por ejemplo, es el medio del sonido.

Los grandes Medios de comunicación de masas, que son evidentemente canales técnicos, podemos clasificarlos en prensa, radio, televisión, cine, disco, cartel, libro, revista... Hay más, por supuesto. Bástenos ahora poder enmarcar dentro del proceso de la comunicación al elemento canal, y a las distintas posibilidades que hay de canales, aunque no todos ellos cumplan las mismas funciones, ni individual ni colectivamente.

La Iglesia católica ha dispuesto durante muchos siglos, y en exclusividad, de uno de los medios más poderosos para llegar a los fieles. El predicador ascendía a ese sitial, estratégicamente ubicado en los templos, para desde allí enviar el mensaje al público. Hablar desde el púlpito no era igual que hablar desde otro lugar. El púlpito, como medio, daba categoría, infundía prestigio, inclusive a quien hablaba desde él.

Hoy día el púlpito es ya más un nombre simbólico que un lugar apropiado para enviar el mensaje y, en las celebraciones litúrgicas, ha sido suplantado por el altar y el ambón.

Quizá sea, sin duda, mucho más litúrgico éste, más acomodado a los tiempos, más a tono, inclusive, con el procedimiento.

Pero permanece la palabra púlpito como realidad incuestionable de un medio apto durante mucho tiempo; entre otras razones porque desde el púlpito se veía y se oía mejor al emisor del mensaje que desde el altar; también por razones de arquitectura interna de las catedrales y templos.

Hoy día, es cierto, el púlpito como medio está en desuso, pero no debería de estarlo la realidad que encierra, es decir, la disponibilidad de un medio o canal apto para la difusión del mensaje. A nadie escapa el hecho de que la tribuna desde la que se amplifica hoy día cualquier tipo de mensaje son los modernos Medios de comunicación social. Incluso algunos de ellos han adoptado la característica de la "especialización" con el fin de enviar mensajes igualmente especializados, o mensajes en una sola dirección.

Los avatares de la política, de la economía, del deporte, del arte, de la ciencia, de la cultura, de la diversión o de cualesquiera otra de la actividades humanas, tienen su soporte de divulgación en los grandes y poderosos Medios de comunicación social. Ellos han sido los grandes "socializadores" de la información, del conocimiento, del progreso, de la evolución de la vida y de la sociedad en todas sus parcelas.

Con todas las restricciones que tienen, y con todos los condicionamientos a los que son sometidos, los Medios de comunicación social han logrado hacer que la información ya no sea derecho exclusivo de unos pocos privilegiados sino patrimonio de todos los habitantes de esa enorme "aldea global" señalada por McLuhan.

Son, que duda cabe, la gran tribuna, el gran púlpito. Lo que ocurre es que semejante tribuna no ha sido, o no ha podido ser utilizada en igualdad de condiciones por todos los sectores representativos de la enorme aldea global.

Se ha hablado mucho de la "manipulación" de la información y de cómo los Medios sirven, o pueden servir, a intereses de distinta índole; lo que no necesariamente son los intereses de las mayorías.

Con respecto a la información religiosa, los Medios, y habría que indagar en el por qué, no han sido la gran tribuna, como correspondería, para satisfacer las exigencias de los ciudadanos en una materia tan importante como es la de la creencia.

Y no nos referimos a una fe en particular sino a la creencia en general, a esa necesidad de la relación del hombre con aquello que está por encima de sí mismo.

Son muy escasos los Medios que utilizan espacios normales para la difusión de la información y la opinión religiosa. El tema religioso, desde el punto de vista informativo, no pasa de ser más que un tema curioso. Escándalos eclesiásticos, rupturas cismáticas como la de Lefebvre, amonestaciones a supuestos disidentes como los protagonistas de la Teología de la Liberación, conflictos esporádicos entre gobiernos y jerarquías, finanzas vaticanas, viajes papales y otros renglones igualmente "noticiosos"; pero un tratamiento sistemático del quehacer religioso como correspondería a una sociedad tradicionalmente tenida como tal, no existe.

Habría que indagar en las causas. Una posible es que habitualmente el tema religioso, periodísticamente hablando, no ha sido tratado como tema "interesante"; es decir, como noticia del diario acontecer que atañe a la esencia individual del ser humano y de la sociedad en la que vive. Otra podría ser que estos temas tampoco han sido tradicionalmente tratados por profesionales de la información, sino por profesionales del "hecho" religioso, los cuales desconocían el lenguaje apto para insertar el mensaje en los Medios. Cabría decir que en este caso el desinterés del lector no está tanto en el contenido del mensaje cuanto en la forma de codificarlo y de transmitirlo. Y quizá otra causa, que se desprende de esta misma, es el hecho de que los profesionales de lo religioso han mirado a los Medios de comunicación como instrumentos aptos para servirse de ellos y no para servir a ellos. De tal forma que estas técnicas modernas del proceso de la comunicación se han escapado de las manos: ha podido más el Medio que la tradicional codificación de este mensaje en él ubicado.

En este momento clave de la vida de la Iglesia, la cual desea implementar una nueva evangelización, el tratamiento del fenómeno religioso en los medios parece decisivo y fundamental.

Hay, eso sí, que enfocar religiosamente cualquiera de los acontecimientos de la vida social. Lo religioso no debe de ser confundido exclusivamente con un acontecimiento eclesiástico; lo fundamentalmente religoso en una sociedad considerada como tal debe ser el enfoque que se le imprime a los hechos humanos: individuales y sociales. Cualquiera de las actividades humanas, por ser precisamente humanas, caben en el enfoque religioso. También lo político. O sobre todo lo político. Toda noticia, por muy general que sea, toca siempre a un dato de la actividad humana o que tiene intrínseca relación con ella.

No necesariamente debe lucir el rótulo de religioso o utilizar palabras teológicas y eclesiásticas para que lo sea. Una vez más hay que decir que la forma también cuenta y que ésta es una vestidura (que no hace al monje pero que lo identifica) del fondo, haciendo asequible al lector o simplemente indiferente.

No confundir lo uno con lo otro. Tampoco divorciarlos. El mensaje no es su codificación, pero no puede darse éste si no está convenientemente codificado según el medio apropiado y adecuado al destinatario.

En repetidas ocasiones se han quejado los obispos de que los documentos emanados de sus respectivas Conferencias Episcopales no han sido debidamente publicitados a través de los Medios de información. Tenemos datos de una encuesta realizada en España, precisamente sobre la difusión allí de los documentos episcopales y el resultado es idéntico. "El análisis de los datos de la encuesta muestra una insatisfacción generalizada de los encuestados respecto a la difusión de los documentos episcopales, tanto en el ámbito diocesano como en el nacional, agudizándose el descontento en este último caso".

Naciones que se confiesan católicas necesitan de un servicio adecuado de divulgación de su mensaje y de la implementación de éste en los Medios masivos y modernos de difusión para que el católico sepa, al menos, cuales son las directrices de sus respectivas jerarquías en torno a los problemas más acuciantes que tienen relación con la fe en la que creen, y con la puesta en práctica de ésta en el contexto social.

Si el mensaje de la Iglesia no sigue las pautas correctas de cualquier proceso de comunicación, dificilmente llegará al destinatario, y si llega, quizá no con las intenciones y los objetivos trazados por los emisores que, en este caso, sería la Iglesia como institución.

Entre las causas aducidas en la encuesta de por qué tal mensaje no llega a los destinatarios, las hay de índole interna y las hay de índole externa. Entre éstas destacan "las reticencias hacia el magisterio y la desconexión de la base con la jerarquía". Entre las internas, "el lenguaje inadecuado de los documentos, su excesiva extensión, la desorganización de los cauces de distribución intraeclesiales y la frecuencia excesiva de los documentos".

Es cierto que las causas, allá y acá, no pueden ser idénticas, pero es también cierto que muchas de ellas coinciden. Sería bueno analizar, por ejemplo, por qué esas "reticencias hacia el magisterio", al igual que por qué esa desconexión de la base con la jerarquía". Se nos ocurre pensar si la segunda no será efecto de la primera, o de si la inversa también funciona: desconexión de la jerarquía con las bases.

La desconexión entre jerarquía o ministros del culto con los fieles, como puede apreciarse, es más que abultada. Las causas no están plasmadas en la encuesta, y sería de mucho valor para la pastoral el indagarlas. ¿Por qué las bases se han apartado de sus autoridades religiosas? ¿Por dejadez? ¿Por creer que no se puede llegar hasta esa instancia superior? ¿O quizá porque las autoridades eclesiásticas han tendido un manto de separación, así sea inconsciente e involuntariamente, entre éllas y los fieles?.

Son interrogantes aptos para una reflexión y, si es necesario, para una conversión.

Lo que parece cierto es que, en la época de la proliferación de Medios técnicos para la difusión del mensaje, el eclesiástico y menos el religioso no está llegando a sus destinatarios ni con la calidad ni con la asiduidad deseada.

En el caso español se han dado estas sugerencias y propuestas: "Para mejorar la difusión, los encuestados proponen que los documentos episcopales sean pocos, breves, sencillos, resumidos, baratos, con materiales divulgadores de apoyo, con participación de las bases en su elaboración y difundidos a través de los Medios de comunicación social".

Se sugería también la utilización de publicidad, cassettes, vídeos y cómics, la creación de un servicio de divulgación en la Conferencia Episcopal y en las Diócesis... y el cambio de "caras" de los informadores religiosos.

Aunque el púlpito ha desaparecido, lo cierto es que se ha extendido más. Ocurre o que no nos hemos dado cuenta, o que todavía tenemos miedo escénico. O quizá, lo más significativo: que no nos hemos preocupado de aprender el lenguaje netamente particular y técnico de cada uno de los púlpitos modernos: los Medios de comunicación social.




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